Castillo de San Severino

El Castillo de San Severino fue la primera fortaleza construida en la ciudad para protegerla de los ataques de corsarios y piratas, en una época en la que eran tan temidos como probables. El Castillo fue mandado a construir por el rey Carlos II en 1684, o sea, fue pensado años antes de que se fundara la ciudad en 1693.

El lugar designado para levantar la fortaleza fue el paraje de Punta Gorda y el primer nombre con que se conocería fue el de San Carlos de Manzaneda. Este levantamiento terminaría en 1734 con un importe de 30 mil pesos. En esos años el edificio militar constaba de cuatro baluartes nombrados como lo requería una muy religiosa época: Nuestra Señora del Rosario, Santa Ana, San Antonio y San Ignacio. Lo más interesante del lugar era el puente levadizo, que recordaba las construcciones medievales, sus dos cortinas glasees y el camino cubierto y rastrillo. Pero de aquel pasado poco o nada llegó a este presente.


Castillo-San-Severino-1905Castillo San Severino en 1905


Corría el 1762 y en un día, que parecía ser como cualquier otro, los guardias hacían lo poco que requería su trabajo: callar, vigilar y esperar hacer lo mismo el resto del tiempo que exigía el empleo. Pero aquel día no iba a ser como los anteriores, pues una tripulación inglesa ubicó en su candelario un saqueo a la ciudad. Viendo perdido el combate para los matanceros se toma una decisión por su Comandante: volar el Castillo para evitar que caiga en manos enemigas.

Pero su estado ruinoso no duró mucho tiempo: apenas un año después se reconstruye por el Conde de Xibacoa y su hermano, Don Manuel de Contreras. Reedificación que ascendió a los 20 494 pesos, poco menos que la primera fabricación.


castillo-san-severinoCastillo San Severino en la actualidad


Larga y triste ha sido la historia del San Severino. En sus siglos de existencia ha visto dolor, sangre y muerte, incluso cuando dejó de servir para la custodia de la ciudad y pasó a funcionar como cárcel. Hoy continúa descansando a sólo unos metros de la costa y, aunque mucho más viejo y menos soberbio, nadie a podido arrebatarle el derecho de ser el más antiguo vestigio de la fundación de la ciudad. El Castillo de San Severino no sólo es una de las Siete Maravillas Arquitectónicas de Matanzas, sino que es la edificación que encierra más siglos, historias y misterios entre sus lúgubres muros.