Hotel Louvre

El Louvre y el París, fundados en las últimas décadas del xix llegaron a la segunda mitad del xx manteniendo el nombre con que se dieron a conocer. Merecen consideración especial. Hablar de Matanzas, es hablar de estos importantes hoteles de la ciudad que se hermanaron en época, en lujo, en buen gusto y en la exquisitez de sus servicios. Sus nombres no fueron escogidos por azar, todo lo que venía de Francia era exquisito y refinado; presencia francesa que en denominaciones de establecimientos comerciales constituía carta de presentación.

El Louvre, que es el que nos ocupa, tuvo su antecedente en la Fonda y Posada del mismo nombre, propiedad de Escalante y Hnos., ubicada en Gelabert 4 y 6. La prensa lo anuncia por primera vez en 1876.13 Peregrino de la ciudad, en la misma calle pasó de un local a otro, en cada uno de ellos hizo historia, así llegó a Milanés No 47 y aquí se quedó frente a la antigua Plaza de Armas hoy Parque de La Libertad.

Entrada-al-Hotel-LouvreEntrada al hotel Louvre en 1935


La primera información que de él se tiene data de enero de 1879 en Gelabert 4 y 6 –hoy Milanés–, a un costado del Teatro Esteban –hoy Sauto– propiedad de Escalante y Hnos., clasificado como Restaurant-Hotel. Desde su fundación gozó de prestigio, y a sólo un año de inaugurado, será famoso por su preciosa vajilla para convites dentro y fuera del establecimiento, y sus habitaciones consideradas elegantes, decentes y bien amuebladas.

En 1883 es trasladado para otro local. El periódico Aurora del Yumurí del día 4 de marzo anuncia que al día siguiente "abrirá sus puertas al público trasladado ya al magnífico edificio que antes ocupaba la Escuela Municipal en la calle Gelabert No 56". Sus propietarios continúan siendo Escalante y Hnos. y en esta etapa es considerado de los más confortables junto con el Francés, igualado en comodidad y lujo a los más importantes de La Habana. Allí radicó hasta principios del siglo xx y ya en 1902 se localiza en el mismo edificio con sucursal en Gelabert No 35 y es su propietario Juan Escalante. De nuevo es trasladado y en 1904 estará en Milanés No 47, su ubicación actual, para entonces son sus dueños Escalante y Sobrinos. Los inmuebles en los que se instaló no fueron construidos para albergar una función de carácter civil.

Todos, originalmente tuvieron una función doméstica y esa planta fue adaptada acorde a los requerimientos de la tipología hotelera sin que se perdieran los rasgos particulares de su arquitectura. El segundo inmueble donde radicó, hoy inexistente, fue el enmarcado con el No. 56 de la misma calle, allí funcionó antes la Tienda de Víveres y Café La Armonía de Don Carlos White y en 1880, por ser un edificio de dos plantas, estaban en alquiler sus espaciosos bajos, ocupados al año siguiente por la Escuela Municipal Superior de Varones.

En la historia del hotel el período transcurrido en Milanés No 47 es el más significativo. Con el fallecimiento de Juan Escalante en 1910 la propiedad pasa a manos de su viuda y reza en 1912 como Viuda de Escalante y Co. bajo la administración y gerencia del Lic. Alfredo Arriaga quien en 1917 es ya su propietario, persona considerada como hombre culto y activo, conocedor de los idiomas inglés y francés, quien además de ser abogado e ingeniero industrial ocupaba los cargos de Presidente de la Sociedad Filar-mónica, Secretario del Club Vasco Montañés, Secretario de la Sociedad de Viajantes de Matanzas y Vicepresidente de la Sociedad Contadores de Cuba.

Por esa época el hotel ofrecía servicio de garaje gratis e intérpretes de inglés y francés. Vicente Moncholi quien en 1922 es su propietario, fue Director del Liceo y pierde la propiedad del hotel en 1928 por atrasos en el pago de alquileres del local. Otros dueños se suceden hasta que Antonio Palacios y Cía. (Palacios, Braulio Viejo y Celestino Menéndez) asumen la dirección del hotel en 1937 y se mantienen como sus propietarios hasta que es intervenido por el Gobierno Revolucionario en 1962.

Al pasado no podemos volver, ni morir de añoranza por el siglo xix, del pasado debemos recibir el legado y hacer un presente mejor. Enseñanzas como estas no pueden ignorarse: Braulio Viejo, residente en Cuba y el único dueño del hotel que hasta hace poco vivió fue entrevistado para esta investigación en julio de 1997. Asturiano, llegó a Cuba en 1922 con 18 años, analfabeto; su experiencia y sabiduría natural da pauta de lo que debe ser un buen servicio y una buena administración. Al decir de él: "Un hotel funciona bien cuando hay buena dependencia y conciencia de trabajo". Refiriéndose a Celestino Menéndez expresó que "Era un cocinero de mucha fama, había venido de Miami, le conocía al giro y era buen administrador de la cocina. La cocina si se cocina y se administra bien da fama al hotel".

Braulio llegó a tener 32 propiedades entre solares y casas, no obstante residió en el hotel hasta su intervención y no constituyó familia propia aunque de hecho la tuvo. Las iniciales T.B (Tiburcio Bea) y el año 1894 que mantiene el monograma encima del espejo que aún se conserva en el primer descanso de la escalera, no se corresponde con la fecha de fundación del hotel (1879) ni con su instalación en ese inmueble (1904), ni con la construcción de este edificio (1859-1860).

Según consta en el Registro de la Propiedad esa fecha se corresponde con la de adquisición del local por la familia Bea, cuyos herederos la matuvieron en su poder hasta su nacionalización. Es de destacar que en la mayoría de los casos los dueños del inmueble no lo eran de la identidad mercantil. No hay constancia de que el edificio fuera reparado con posterioridad; pero es evidente que en él deben haberse realizado obras de adaptación a una nueva función y labores de mantenimiento.

Después del triunfo de la Revolución fue reparado parcialmente a fines de 1966 (al año próximo se reabrieron los servicios). En esta década las esculturas de las cuatro primaveras que se encontraban en el lobby fueron trasladadas a los bajos de Palacio, después por esos mismos años al Teatro Sauto donde hoy se encuentran, todo ello por las gestiones de Pedro Esquerré, entonces funcionario de cultura, pintor, artista y querido matancero ya fallecido. Por el deterioro que presentaba el edificio es cerrado nuevamente en 1980 y se reconstruye o repara de forma general.

El valor de la obra fue estimado en 334 000 pesos en edificación y 200 000 pesos en equipos, mobiliario y decoración. Con la reparación de 1966 se introdujo un nuevo servicio, el salón principal que da a la calle ofertaba helados de la línea Coppelia, sin dejar de expender comidas en el resto de los salones.

Por entonces perteneciente al Instituto Nacional de Industria y Turismo –INIT–, su administrador era Eladio Pérez (a) Perecito, quien había sido ayudante o secretario de un norteamericano en las Cuevas de Bellamar, persona entusiasta, buen gastronómico que introdujo la especialidad en comidas de Rancho Luna (La Habana) en el Louvre: pollo asado y frijol negro. La persona que me habló de Perecito como ejemplo de buen gastronómico se llama Francisco Díaz Varona, por aquella época Director del INIT en Matanzas y no pudo evitar decir: "Entonces se trabajaba con sensibilidad, educación, amor, hoy está, se pone el hombre, pero no es el ideal, no hay educación gastronómica. Está en falta hoy en día". Y me cuenta una anécdota que no dejo pasar porque quizás sea la única vez que se escriba sobre ella: "Para ofertar el helado Coppelia se montó una cámara de frío portátil en una casa al doblar por la calle de Santa Teresa, la No 18, entre la panadería El Águila y la actual casa de la UNAICC.

La cámara fue una que estaba inactiva en el Banco de Sangre; cuando se acababa una tina de helado, ¡pues se traía del doblar!" Después del cierre en 1980 reabre sus puertas el 3 de agosto de 1985, entonces de sus 17 habitaciones, 7 tendrán aire acondicionado y 2 fueron amuebladas al estilo colonial. Sus espacios y servicios fueron distribuidos en tres restaurantes: el comedor principal con 10 mesas, llamado El Unicornio y un tercer salón de comidas ligeras y coctelería para huéspedes. Presenta además reservado de protocolo y un bar, dos salones de estar, carpeta, oficina, almacenes, baños, departamentos de ama de llaves y oficina de administración.

En 1985 es considerado como el único hotel del país con características coloniales en el que se conjugan edificio, mobiliario y piezas que posee. Entonces adornaban el hotel dos pinturas de Gil García, una de Domingo Ramos y una de Gilberto Frómeta, El Unicornio que decora y da nombre a un salón.

Los muebles de la sala de espera son de perilla. La cristalería es muy valiosa y la vajilla de protocolo es de porcelana francesa de Limoges. Sobresale en este marco la habitación No 4 que fue amueblada con un juego de cuarto de palisandro, enchapado en palo rosa, con las vistas en ébano y revestido por dentro con sándalo.

En el suplemento Yumurí de 31 de agosto de 1985 se dice que "el juego de cuarto fue fabricado en Barcelona en 1840 y costó 200 escudos reales. Su dueño era el Conde José Eugenio Moré y Labastida fundador de Sagua la Grande. El juego estuvo en New York e Italia y debe haber llegado al país por los años 70 del siglo xix. Estaba por esa época en el ingenio La San-tísima Trinidad en Sagua. Consta de cama, armario, vestidor y mesa de noche".

A la vida del edificio y el hotel se vincularon propietarios, constructores, huéspedes y acontecimientos económicos, políticos o sociales que le hicieron funcionar como un organismo vivo: de su azotea al Liceo se tendió en 1869 la cuerda sobre la que Monsieur de Lave ejecutó un acto de equilibrio sobre cuerda floja, atravesando la Plaza de Armas –hoy Parque de la Libertad. En él se hospedaron importantes políticos y artistas: a principios del siglo xx –marzo de 1908– J.M. Choates, embajador retirado de Inglaterra y el Ministro americano Morgan; también la cantante lírica mexicana Esperanza Iris, conocida como la Emperatriz de la Opereta y entre los años 1938–1939 Fuman-Chu, mago panameño, considerado un innovador en la magia, acompañado de la bailarina Eva Beltri, famosa internacionalmente, quienes a la sazón actuaban en el Sauto.

Homenajes, banquetes, conmemoraciones, eran actividades que siempre tendrán acogida en este hotel. Tal vez como ninguna otra construcción de función o uso civil, los hoteles fueron centro de acontecimientos sociales de diversa categoría.

Los ejemplos se suceden: El 11 de junio de 1939 en el restaurant del hotel, se llevó a cabo un homenaje – banquete al Sr. Carlos Núñez Pérez creador y Presidente del Banco Núñez.19 El Club Leones y el Club Rotario tuvieron en hoteles como el Louvre, el Velasco y el Yara propicios escenarios para sus actividades. 

En ellos conmemoraron con extraordinarios almuerzos o banquetes las más significativas fechas patrias.

Al hablarnos del Louvre el querido y destacado matancero Mario Argenter nos dice que "desde que se inicia como hotel en Gelabert 4 y 6 tendrá una connotación especial porque en él se hospedaron todas las compañías dramáticas que visitaban Matanzas, entre ellas la de Luisa Martínez Casado, famosa actriz villaclareña que nos visitó a principios de siglo, entre 1900-1902". Otras relevantes personalidades de la cultura nacional

como Blanca Becerra, Luis Carbonell, Armando Soler, Rodrigo Prats, Esther Borja por sólo citar algunas, se han hospedado en este hotel.

A los valores ya analizados se suman los de su arquitectura: edificio de dos niveles, cuya planta originalmente doméstica se organiza alrededor de dos patios centrales que se dividen por un cuerpo construido en los dos niveles y que pudo ser una solución posterior a la edificación original para utilizar el espacio como salón en planta baja y habitaciones en planta alta, las que se cierran con elementos de madera y persianería.

En la planta alta, alrededor de los dos patios, existen balcones (elementos de circulación para conducir a las habitaciones), los del primer patio están cerrados con antepechos macizos de madera y persianería en hojas fijas y otras que se abren, los del segundo cierran en baranda de herrería simple, con pasamanos de madera.

Su acceso principal se encuentra enmarcado por guardacantones de terrazo con diseño art-noveau, evidentemente muy posterior a la época de construcción del edificio antiguo.

Este acceso es lateral totalmente al extremo, a eje con la escalera imperial que conecta las dos plantas.

Espacialmente se distribuye con dos crujías paralelas a la calle, albergando la primera el antiguo zaguán y el salón principal y la segunda, antigua saleta, actual lobby-bar del hotel comunica con la escalera y primer patio; una tercera crujía paralela que se ubica entre los dos patios y una cuarta, paralela a la calle, que cierra toda la distribución espacial del inmueble. 

Conectan todas estas crujías paralelas a la calle dos martillos o crujías perpendiculares, a ambos extremos, definiendo en este caso una planta en forma de ocho para ambos niveles. 

Los espacios en planta baja se intercomunican entre sí; el actual lobby comunica con el patio a través de arcos de medio punto, con el restaurant a través de vanos adintelados cerrados por mamparas y con la planta alta a través de su escalera. En el vestíbulo la barra del bar, que también da servicio al restaurant, es de mármol.

En el segundo nivel se encuentran las habitaciones con evidentes transformaciones de adaptación a nuevas necesidades surgidas a partir del desarrollo social y de la utilización del edificio como hotel, tal es el caso de falsos techos y baños.

La cubierta es plana, de viga y tablazón, al igual que el entrepiso, recubierta con falsos techos enmasillados en las áreas públicas.

Los pisos originales han sido sustituidos por losas de granito.

Sólo la escalera conserva el mármol y el patio las losetas isleñas. Las galerías en planta alta son de mosaico. La fachada rematada por el pretil se compone de cuatro vanos en planta baja y cuatro en planta alta; unidos estos últimos por un balcón corrido, separando por simples rejas el área de cada habitación, con pasamano de madera y guardavecinos en sus extremos. La jerarquizan, además, elementos como las platabandas, guardapolvos, sobre canes, cornisas, friso y pilastras a relieve.

Este edificio, por la existencia de cuatro vanos en su fachada, da imagen de amplitud, transparencia y magnitud, lo que se corresponde con las características generales del edificio. A ello se sumó la riqueza de materiales en sus pavimentos originales de mármoles blancos y negros, la belleza y cromatismo de las lucetas de los medios puntos de los arcos, la calidad de la carpintería de las mamparas y elementos de su decoración, así como de los falsos techos de metal troquelados, sustituidos algunos por reproducciones de yeso y fibra de henequén.

Se mantienen elementos decorativos como grandes copas de mármol sobre basamento de igual material jerarquizando el paso del antiguo zaguán al actual lobby, al unificarlos en una sola función. Originalmente se situaban en el arranque de la escalera y el lugar que ocupan actualmente perteneció a dos de las esculturas de las cuatro primaveras. La fuente en el patio constituye otro elemento decorativo.

Luego de una necesaria reparación, reabre sus puertas en los últimos meses del año 1998. Mantiene en cuanto a su arquitectura los elementos más significativos de la instalación, así como su mobiliario, con la excepción de la cuarta crujía o crujía de fondo, cerrada con puertas modernas de cristalería y destinada a la función de tienda.