Hotel Francés

Esta denominación a dos hoteles de la ciudad, coincidentes en época, debe responder a dos razones: la elegancia, buen gusto y exquisitez de todo lo francés, o y me inclino más por esta última– a que estos, según categoría de hoteles europeos, no tenían servicio baño en cada habitación, era colectivo por piso, o uno para 4 ó 5 habitaciones.

Nos referiremos primero al que fue abierto, con cuartos altos y bajos, en Contreras No 59 entre Santa Teresa y Zaragoza, el 16 de mayo de 1859.

Muy pronto fue trasladado –julio del mismo año- en la misma calle, al No 30 esquina a Matanzas, para la casa que habitó el Sr. Rossique y frente al Almacén de Víveres La Amnistía propiedad de Mr. Durant.

Su ubicación se consideraba ventajosa por estar a dos cuadras del muelle de los vapores de La Habana, a cinco cuadras del ferrocarril; próximo a la Plaza de Armas, al Teatro Principal y La Marina, beneficioso para el comercio y los extranjeros, en puntos céntricos de inversiones, paseos y sociedades económicas al tanto de los negocios.

Al nivel de los de su clase no omitió gastos para ello y ofreció comodidades, buen servicio, aseo, elegancia, lujo, esmero y módicos precios, amén de buen vino francés y buenas comidas.

El edificio en época se describe: con piso principal y balcones a la calle, salón para comidas y para recrearse con piano, un segundo piso fresco y ventilado, con vista al mar, depósitos para carruajes, además de espaciosa caballeriza para 50 caballos.

En la actualidad el inmueble, que originalmente fue vivienda, se corresponde con esta descripción, y aunque perdió su segunda planta, la existencia de la cochera y la caballeriza aún hoy es evidente, a pesar de las modificaciones.

En 1887 ya no funciona como hotel. Al año siguiente se instaló en este inmueble Franch H. Pierce, Cónsul de Estados Unidos y en 1902 Eugenio Enríquez, Oficial 5to del Gobierno Civil.