Hotel La Diana

Hotel La Diana (1861-1887)

El inmueble donde estuvo instalado aún existe y se localiza en La Plaza de La Libertad, antes de Armas, en Santa Teresa No 15 esquina a Milanés. Desde 1830 funcionaba en el lugar una tienda del mismo nombre.

El primer propietario fue Don Joaquín Ferrer, que en ese mismo año la vende a D. Lope Dávalos; a partir de entonces dueño absoluto por haber comprado el dominio útil. Después de 1880 otros le sucedieron.

La construcción de este edificio resulta significativa para la ciudad por su arquitectura de tres plantas y por su uso original.

En 1856 Matanzas poseía pocas construcciones de dos plantas o más; constantemente el tema se consideraba en la prensa: que la Plaza de Armas merecía edificios dignos de más de una planta en correspondencia con el edificio de Gobierno, y que debía construirse a la manera de Europa fue motivo de preocupación para urbanistas, arquitectos, ingenieros y cronistas. No obstante ya se habían construido algunos en plazas o en lugares cercanos a estas, de dos plantas o más si incluimos su entresuelo.

Otros fueron edificados, pero su emplazamiento debía ser así, en espacios abiertos o próximos a ellos, la estrechez de las calles de Matanzas no permitía otra cosa, lo con trario iba en detrimento de su imagen urbana.

Es evidente que Matanzas carecía de un gran hotel de lujo, que este se hacía necesario y que el León de Oro aún funcionando como hotel no estaba instalado donde se estableció en 1862, construido a ese fin. De haberlo estado se hiciera mención a él, pues su edificio también fue de tres plantas y en la década del 60 se consideraba como el mejor.

Constructivamente ambos tuvieron similitud. Los elementos citados y un análisis actual de su arquitectura nos hace afirmar que el inmueble fue construido para la función de hotel.

Las inscripciones del Registro de la Propiedad no recogen a los propietarios del establecimiento comercial ya que a estos el inmueble se les daba en arrendamiento, limitante que confrontamos al estudiar los hoteles en casi todos los casos. Las características de su arquitectura se corresponden con las de un hotel en cuanto a la distribución de sus espacios y sus usos. Descripciones de época vienen a reafirmar que su función nunca fue doméstica, que resultó concebido para una construcción civil y sus usos estuvieron en correspondencia con ello. El Instituto de Segunda Enseñanza se instala en el local en 1903, y en 1921 el Colegio La Luz hasta la nacionalización de la enseñanza.

A partir de entonces es ocupado por varias instituciones u organismos. Hoy están instaladas en él las oficinas de la CTC y los sindicatos municipales y una cafetería.

Es de significar que resulta el primer edificio de tres pisos y gran altura construido en la ciudad, y que en él se realizó en 1916 el primer homenaje a José Martí según consta en una placa colocada en su fachada lateral a la calle Milanés el día 21 de julio de 1991.

Una descripción actual lo define como edificio de tres niveles, muy transformado interiormente, cuya estructura se basa en muros de carga con entrepisos de losa antigua enmasillados. La planta se desarrolla alrededor de un patio central, con numerosos añadidos que dificultan una lectura del mismo, rodeado de arcos que en planta baja conducirían a los espacios sociales y galerías en los niveles superiores que comunican las habitaciones. Existe una escalera donde hubo de estar la original que comunica a todos los niveles y conduce finalmente a la azotea, cubierta con racilla. La fachada se caracteriza por el uso de elementos como platabandas, guardapolvos, frisos y cornisas. El segundo nivel está rodeado en todo su perímetro calle Santa Teresa y Milanés por un balcón corrido, y el tercero se identifica por la utilización de balcones independientes en cada habitación.

Los pisos han sido sustituidos en su mayoría y la carpintería está muy transformada, conservándose sólo en la fachada fundamentalmente en los niveles superiores, caracterizada en su mayoría por puertas de tableros.

A pesar de las transformaciones sufridas, el edificio, por su emplazamiento y las características de su arquitectura, puede ser utilizado en la función que lo originó.